Los fraudes financieros perjudican seriamente la salud

Martes 02 de Mayo de 2017
Comparte y dispara Facebook Twitter
Bankia puede matar

Las entidades financieras españolas han llevado a cabo prácticas fraudulentas desde que comenzó la crisis económica. Un gran número sentencias de tribunales españoles y europeos constatan que se ha informado sesgadamente a los clientes con intención de inducirles a error, explotando el desequilibrio conocimientos que existe entre un profesional experto en finanzas y un ciudadano. En muchos casos se aprovechaba de la confianza que el cliente deposita en la entidad. Esta confianza puede basarse en relaciones de vecindad o amistad, generalmente, de larga duración. El daño económico es evidente. Sin embargo, hasta ahora no se ha reflexionado sobre el perjuicio que esto ha causado en la salud de las víctimas del engaño.

Si bien los jueces solían fallar a favor de las entidades financieras, desde hace algunos años, a raíz de la jurisprudencia europea, los jueces han reconocido la falta de transparencia de muchos contratos. Muchas personas que han perdido sus ahorros por las preferentes han podido recuperarlos total o parcialmente. Ahora bien, la justicia no ha funcionado igual para todos. Algunos bancos y cajas de ahorros han establecido mecanismos de mediación para que los clientes reciban su compensación económica sin necesidad de juicio. Otros afectados han reclamado por vía judicial con resultados dispares. Desde la sentencia de 2015, algunos afectados por hipotecas multidivisa están consiguiendo que sus hipotecas en divisa extranjera sean convertidas a euros.

Entre 2003 y 2012, más de 3 millones de personas compraron preferentes sin ser informadas de su toxicidad. Después de 2007, familias de clase media compraron hipotecas multidivisa, seducidas por los bajos intereses de los préstamos y sin ser correctamente informadas sobre la inestabilidad del euro. Quienes adquirieron preferentes perdieron parcial o totalmente sus ahorros y aquellos que contrataron hipotecas multidivisa adquirieron una deuda ascendiente y que “nunca” se llegaría a pagar.

Evolución de la deuda de una hipoteca de 200.000 euros contratada en 2007 y cómo la tendencia de aumento de la deuda comprometida es constante en relación a la bajada e inestabilidad del euro.

La compensación económica y el reconocimiento del abuso financiero no alcanza a sanar el daño que el fraude, la mentira y el robo, generan sobre la víctima. Hay razones para suponer que haber sufrido un fraude bancario perjudica muchos aspectos de la salud, a través de tres mecanismos: estrés crónico, dificultad financiera y desestabilización de los hábitos de vida.

El estrés crónico es el primer mecanismo al que se somete a la víctima desde que conoce que ha sido engañada hasta que se resuelve su situación. La ira por haber sido engañado dentro de una relación de confianza, la vergüenza ante la familia y los amigos, la culpa por haber sumido a la familia en una situación de pobreza y la pérdida de autoestima por no haber detectado el fraude y haber caído en el engaño.

El segundo mecanismo es la dificultad financiera. En un momento de la vida cercano a la jubilación, cuando se preveía una seguridad económica gracias a la pensión y a los ahorros de toda una vida, la víctima del fraude a duras penas llega a fin de mes para cubrir sus necesidades básicas. Esto se llama estrés financiero: la víctima del fraude hace frente a una vejez sin recursos, que le obliga a vivir con una pensión habitualmente por debajo de los 1000 euros al mes.

El tercer mecanismo afecta a los hábitos de vida de las víctimas financieras: trastornos del sueño, aislamiento social, abuso del alcohol y de medicación, cambios en la dieta, actividad física y peso corporal. La bibliografía actual en epidemiología y salud pública demuestra que estos tres mecanismos explican el aumento de riesgo de trastornos crónicos (cardiovasculares, diabetes, hipertensión y enfermedades autoinmunes) y la mortalidad, además de mayor índice de depresión y crisis de ansiedad.

preferentistas

A partir de esta realidad, Gaceta Sanitaria, órgano de difusión científica de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración sanitaria, acaba de publicar un artículo que presenta los resultados de un estudio pionero sobre los efectos de los fraudes bancarios en la salud. El estudio ha sido financiado por la Fundación Finsalud y llevado a cabo por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid, Universidad Carlos III y Universidad de Montreal. Los resultados sugieren que las personas que han sufrido fraudes bancarios tienen una peor salud física y mental y peor calidad de vida.

* El 63% de preferentistas que no han recibido compensación económica y el 66% de los que tienen hipotecas multidivisa tienen mala salud frente al 32% de la población general española.

* El 77% de preferentistas que no han recibido compensación económica y el 84% de los que tienen hipotecas multidivisa necesitan atención en salud mental frente al 22% de la población general española.

* El 31% de preferentistas que no han recibido compensación económica y el 29% de los que tienen hipotecas multidivisa han recibido algún diagnóstico psiquiátrico frente al 12% de la población general española.

* El 78% preferentistas que no han recibido compensación económica y el 65% de los que tienen hipotecas multidivisa duermen menos de 7 horas al día.

* La mayoría de los afectados por estos fraudes tienen una calidad de vida mala o muy mala.

* Entre los preferentistas, aquellos que han recibido compensación económica refieren mejor salud física y mental y mejor calidad de vida que los que todavía no la han recibido. No obstante, continúan con peor salud que el general de la población española.

A la vista de estos datos, los fraudes financieros deberían considerarse un factor de riesgo para la salud pública y sus víctimas deberían ser atendidas médica y psicológicamente, además de legalmente.

Si se llega a establecer una causalidad entre los efectos de las malas prácticas bancarias y la salud de la población, los banqueros y entidades financieras podrían ser responsables civiles por el daño. Sería, en definitiva, la suma de una competencia política y soberana a las instituciones estatales frente a las prácticas fraudulentas de las entidades financieras.

María Victoria Zunzunegui

Profesora honoraria de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Montreal e investigadora de la Fundación Finanzas y Salud.

Añadir nuevo comentario